Los que venden a Jesús

Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes,  y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.
Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. Mateo 26:14-16

¿Por cuánta plata estás vendiendo a Jesús? ¿Cuántos diezmos, ofrendas, tiempo estás reclamando de la gente para entregar a Jesús?
¿Cuánto cuestan sus bendiciones? ¿Cuántos cultos, edificios, sueldos, cuánto se necesita para que puedas poner todo tu afán en entregarlo?

Jesús es una persona que bendice, no importan las circunstancias en las que él llegue a una persona, no importan sus intenciones. Fijate que la motivación de Judas no era buena, sin embargo, entre el momento en que Judas decide entregarlo y el momento en que Jesús es crucificado, Jesús sigue siendo de bendición para los que lo rodean.

Es decir, a pesar de las decisiones y motivaciones de las personas, Jesús llega y bendice… Por eso, no hay nada que puedas pedir, no hay nada que necesites construir, lo que vos hagas para “dar a conocer su nombre” no va a cambiar la forma en la que Jesús llega a la gente… Jesús siempre bendice.

Pero lo que si cambia, es la imagen que se construye de vos mismo.

Mi padre era ateo, o al menos él decía que era ateo y yo pensaba: “¿Cómo puede una persona que conoce a Jesús rechazarlo si Jesús solo bendice? Jesús, siempre fue de ayuda a los pobres, defendió a las minorías, criticó la hipocrecía religiosa, etc. etc. Mi papá no tenía problema con Jesús sino con el “entregador”, el precio que le pusieron era muy alto. Para aceptar a Jesús le pedían demasiados dogmas, era lo que transmitía el entregador lo que desagradaba a mi papá. Eran sus edificios, sus riquezas, su doble discurso, sus viajes y autos importados…

Mi papá era una persona simple, con todos sus defectos era simple, no tenía 30 piezas de plata para comprarlo…

Imprimir

Logo LP