Yo he venido para que tengan vida…

“Ciertamente les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí eran unos ladrones y unos bandidos, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.” Juan 10:7-10

Un día estaba en el campo hablando con el dueño sobre las ovejas y vacas que criaba. Estaban por nacer nuevas crías y el dueño me hizo este comentario al pasar: “Las vacas u ovejas que no tengan cría se van...”

En el campo los animales son un producto más, su función es reproducirse. Cada vaca u oveja tiene que tener su cría, si no tiene no sirve y se va al matadero. Si la cría no es sana, no sirve y se va al matadero. Si no puede pararse ni bien nace queda ahí, abandonada y muere días más tarde.

La mayoría de las veces que en la iglesia nos hablan de esos pasajes donde se mencionan al pastor y las ovejas, nos centramos en que “somos ovejas”, en la clase de ovejas que tenemos que ser, mil y una manera de entrar en el redil, como ser una oveja limpia, sana y saludable. Etc. etc.

Pero Jesús se centra en el pastor, en la clase de pastores que somos. Él se muestra como un pastor distinto de los que había en ese tiempo. Él es un “buen” pastor. La lógica dice que la que tiene que dar la vida es la oveja, para eso fue criada. Jesús no es como el productor, ni como el ladrón, para Jesús no hay ovejas que no sirvan. Jesús es el pastor que da la vida en lugar de la oveja.

Jesús nos llama a hacer pastores diferentes, que no se centren en las cualidades de la oveja, sino que las amen y cuiden como son.

El pastor es una puerta pero no la del matadero... Sino una puerta a la vida en abundancia.

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