En Tu Jardín

Escondido entre tus flores te he buscado
Fui sintiendo tu aroma y tu calor
En silencio me regabas con cariño
Y mi corazón abriste como flor

Tu presencia me ha sembrado de alegría
Tus ojos me iluminaron más que el sol
Y dejaba ilusionarme cada día
Creyendo que crecía con tu amor

Hoy espero que llegue la primavera
Y te asomes nuevamente a tu jardín
Para enredarte con inmensas ramas
Que despliego para acercarte a mí

Lloraré cuando termine el verano
Dejaré mis hojas caer en abril
Si descubro que te has ido con el viento
Sin llevarte todo el fruto que te di.

Leandro Pita
1998

Quisiera que hoy estés

Quisiera que hoy estés,
quisiera tenerte otra vez.
para abrazarte y anunciarte,
que juntos podemos vencer.

Quisiera que hoy sepas,
lo que valías para mi.
Lo que es tenerte en mi mente,
y juntos poder reír.

Por favor hermano mío,
no me dejes en este día.
Por favor nunca dejes
de brindarme tu alegría.

Quisiera que hoy sepas,
lo que valían para mi.
Tus sonrisas y todas tus palabras,
es lo que me hace feliz.

Quisiera que en este cambio,
te agarres fuerte de Dios.
y cuando vengan las caídas,
yo pueda orar por vos.

Hoy sé que Jesucristo,
quiere ser tu compañía.
Y que en esta pareja,
El se vea toda la vida.

Leandro Pita
1996

Un Nuevo Suspiro

Cuando cae el otoño,
cuando la última hoja
pasa a reposar
y se desprende de la realidad,
un nuevo suspiro.

Un nuevo suspiro que
se burla del invierno
y calienta mi ser.

Cuando entras, cuando el color cambia
cuando la hoja se seca, ya no volverá
a ser verde.
El joven no volverá a ser niño
sino en ilusión.

Un nuevo suspiro se apodera
de tu corazón. Se naturalizan los sueños.
Se hecha a andar el amor.

No sería un día más,
ni volverás atrás.
Cuando pase el tiempo
algo ha de haber cambiado.
Algo ya pronto serás.

Ya “pronto” ilusión o desengaño.
Ya “pronto”...
Un nuevo suspiro se anima a avanzar.

Leandro Pita
1998

Historia de la gallina

Hubo una vez un granjero, este era sólo un empleado de los dueños de una granja que él cuidaba y donde además vivía. Dentro del gallinero cuidaba cien gallinas que conocía y a las cuales no olvidaba de atenderlas personalmente. Él amaba a sus gallinas, ya que eran su única compañía cada día, pero con el tiempo había empezado a poner mayor dedicación en tres de ellas, con estas tres llegó a tener mucho más amor que al resto.

A una de ellas, la amaba porque ponía los huevos más grandes, frescos y deliciosos que jamás se haya probado. A otra de ellas la amaba por su canto, y por su personalidad independiente, esta gallina era capaz de dirigir a todas las demás y además parecía la más obediente y no se separaba del granjero. La tercera gallina era muy diferente a las demás, no ponía huevos, era menudita, parecía tímida, un poco desplumada y siempre estaba allá, en un rinconcito esperando que alguien le vaya a dar de comer.

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