Historia de la gallina

Hubo una vez un granjero, este era sólo un empleado de los dueños de una granja que él cuidaba y donde además vivía. Dentro del gallinero cuidaba cien gallinas que conocía y a las cuales no olvidaba de atenderlas personalmente. Él amaba a sus gallinas, ya que eran su única compañía cada día, pero con el tiempo había empezado a poner mayor dedicación en tres de ellas, con estas tres llegó a tener mucho más amor que al resto.

A una de ellas, la amaba porque ponía los huevos más grandes, frescos y deliciosos que jamás se haya probado. A otra de ellas la amaba por su canto, y por su personalidad independiente, esta gallina era capaz de dirigir a todas las demás y además parecía la más obediente y no se separaba del granjero. La tercera gallina era muy diferente a las demás, no ponía huevos, era menudita, parecía tímida, un poco desplumada y siempre estaba allá, en un rinconcito esperando que alguien le vaya a dar de comer.

A pesar de sus tres gallinas amadas, él amaba a todas las demás y no les despegaba el ojo a las que estaban enfermas o a las que se peleaban entre si.

Un día, llegaron los dueños de aquella granja, y le comunicaron al hombre que la situación estaba difícil y habían decidido vender las gallinas para pagar deudas que ellos tenían. El granjero se entristeció mucho pero entendió la situación y sólo les pidió si tenía la posibilidad de quedarse con sus tres gallinas amadas; él les contó el valor que tenían para él esas tres gallinas. Los dueños prometieron evaluarlo, y darle una respuesta a la mañana siguiente.

Llegado el otro día, le dijeron los dueños al granjero: “Mire, comprendemos su situación, pero no podemos darle tres gallinas, pero como hemos visto su esfuerzo y su dedicación decidimos regalarle una de estas tres gallinas que usted quiere tanto”.

El granjero conmovido por la elección, se puso firme y les comunicó con cual se quedaría.

Tres días después llegaron unos amigos del granjero a consolarlo por la pérdida de su gallinero. El les contó la situación, y la elección que tuvo que hacer, inmediatamente uno le preguntó: ¿y cuál elegiste?

- La más pequeña.

Asombrados sus amigos por la decisión, le pidieron que le explicara su elección y él les dijo:

“Escuchen, a la más grande yo la amaba por lo que ella me daba a mí, esa gallina era fuerte, esa gallina va a sobrevivir. A la que cantaba, yo la amaba por lo que ella hacía por mí, ella podía guiar a las demás, sin esa gallinas las demás no abrían de sobrevivir.

Pero la más pequeña, no tenía nada para darme, ella cada mañana esperaba que alguien le vaya a dar de comer y que le presten atención, era tímida, sin mí habría sido abandonada, y seguramente hubiese muerto. En cambio ahora sé, que si yo estoy con esta, todas mis gallinas a pesar de que estén lejos, todas estarán vivas”.

Leandro Pita
1997

Etiquetas: 1997, Gallina

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